De autodefensas armadas y desarmes voluntarios

Esta mañana, una nota en La Jornada capturó mi atención: “la CNDH contra grupos de autodefensa.” Primero pensé que se refería a grupos paramilitares que se dedican a hostigar a las organizaciones indígenas de defensa de derechos, bastante comunes en Guerrero, Oaxaca y Chiapas (por lo menos). Pero después me di cuenta que no, son las mismas comunidades que se han organizado para defenderse de la violencia generada por el crimen organizado (sean pandillas o cárteles de la droga). Varias notas que leí en diferentes medios se refieren a que las comunidades se coordinan con las fuerzas de seguridad estatales y federales, incluyendo al ejército, pues los policías municipales (entre otras autoridades) están coludidos con la delincuencia.

Ahora, si bien es cierto que nada justifica la violencia y que es ilegal que la gente use medios violentos para defender sus derechos -es sobre ésta premisa que la CNDH toma acción-, también es cierto que la actual situación de (in)seguridad que vive nuestro país requiere medidas urgentes y efectivas. En el caso de Guerrero, las comunidades indican que la autodefensa armada ha reducido la incidencia de los delitos. Me dirán quienes viven por allá qué tanta verdad hay en eso, pero por lo que yo sé la situación en Guerrero es particularmente violenta y me consta que el gobierno estatal presta oídos sordos a las exigencias ciudadanas. ¿Qué otro camino les queda más que defenderse a sí mismos?

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Por otro lado, el gobierno del DF ha comenzado un programa de desarme voluntario en el que la gente entrega sus armas a cambio de dinero en efectivo, despensas, tabletas, juguetes o bicicletas. Hasta ahora llevan dos delegaciones completas, están empezando la tercera, y llevan más armas recolectadas en un mes que en todo 2008. Hay armas de todo tipo, cortas, largas y granadas, sin contar los cartuchos. Esperemos que el resto de las delegaciones acojan también el programa y se logre reducir el número de armas que hay en la ciudad.

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Dos medidas muy diferentes pero que comparten un único objetivo: aumentar la seguridad de la población y reducir los crímenes violentos. En ambos casos, parecen contar con el apoyo de las comunidades, lo cual es fundamental para cualquier iniciativa. Veremos cuál resulta más efectiva.

Acerca de Xalaila

Licenciada en Relaciones Internacionales, próxima Maestra en Terrorismo y Seguridad, activista en derechos humanos, feminista.
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