Sobre la depilación

[Publicado originalmente en La Mirada de Astarté]

La primera vez que me rasuré las piernas tenía doce o trece años. Había empezado la secundaria en una nueva escuela, donde todas mis compañeras parecían obsesionadas con el aspecto físico de las demás. Supongo que no soy la única a la que le ha pasado: miradas, comentarios, quizá no directos pero que se resienten igual, porque no me veía como ninguna de ellas.

Un día me armé de valor y una navaja. Llegué a la escuela con frío y sintiéndome extraña, medio desnuda, pero sin pelos en las piernas. “Ya te depilaste, te ves bien,” acompañado de una sonrisita fue mi bienvenida al mundo de adolescentes y adultas, donde importa mucho más cómo te ves,
que cumplas con ciertos estándares de belleza, que quién seas como persona.

Debo confesar que no me depilo ni me rasuro diario. Si hace frío o sé que voy a estar en pantalones todo el día, no lo considero necesario. Si es alguna ocasión especial o simplemente tengo ganas de usar falda, vestido o short, entonces sí.

Sin embargo, no puedo evitar preguntarme, ¿por qué nos parece fea una mujer con vellos? ¿Por qué nos repugna tanto el pelo corporal?

La depilación existe desde hace siglos. Sabemos que las mujeres egipcias se depilaban el cuerpo entero, por ejemplo. Y de ahí para adelante. Ahora nos parece perfectamente ‘natural’ que una mujer tenga que depilarse porque los vellos en una son feos. En los hombres, no, claro. En ellos es normal. Es más, algunos dirán que entre más velludos mejor.

Lo cual me parece fatal pues hemos naturalizado una conducta artificial. No nos cabe en la cabeza que un ser humano, una mujer, tenga pelos en las piernas, las axilas, la cara. Mucho menos que haya una razón real para la existencia de ese vello. Hemos acabado viviendo en una época en que la estética prevalece sobre la salud y cualquier mujer que desee romper ese paradigma, por la razón que sea (ideología o simple flojera), recibe miradas y comentarios.

Esos comentarios rara vez son dirigidos de manera directa. Más bien lo que sucede es que los hombres comentarán, sin importarles quién los escuche, que Fulana se ve mejor desde que se depiló las cejas, que qué onda con la bigotona Zutana, que qué asco la actriz que no se rasuró las piernas. Y una que los escucha toma conciencia de su propio cuerpo imperfecto y las miles de cosas que no hace para ser esa mujer perfecta, bellísima, cotizada.

Y de inmediato nos vamos al salón a depilar hasta el último pelo que encontremos, aunque la técnica de depilado sea peor de medieval, nos deje inflamadas, enrojecidas y adoloridas. Dicen por ahí que la belleza duele.

Acerca de Xalaila

Licenciada en Relaciones Internacionales, próxima Maestra en Terrorismo y Seguridad, activista en derechos humanos, feminista.
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