LoTR: mis libros favoritos a través de un lente feminista

Cuando era chica, me gustaba imaginarme como un personaje más de las historias que leía. Quizá porque no encontraba personajes femeninos con los cuales identificarme: Helena y Penélope se quedan en casa tejiendo, mientras sus maridos viven guerras y aventuras; Circe, aunque hechicera poderosa, se quedaba en casa; a Juana la declararon loca y la encerraron por exigir respeto dentro de su matrimonio; a la otra Juana la quemaron cuando ya no les servía. Con las heroínas de Jane Austen me podía identificar más, aunque siempre terminaban casándose. Y un buen día, me regalaron El Señor de los Anillos.

Lo leí ávidamente, y desde entonces lo releo aproximadamente una vez al año. Quienes lo han tenido entre sus manos saben que es más que una historia de aventuras épicas. Es un relato de crecimiento, de búsqueda, de valor, de amistad, de mantenerse firmes frente al mal. El lenguaje te atrapa, las descripciones hacen que visualices claramente la Tierra Media y hasta la añores. No es referencia histórica, es una historia de ficción, pura, simple, maravillosa ficción. Que me encanta, por si no ha quedado claro. Sumergirme en la narración es realmente salir de la realidad y entrar en un mundo nuevo (o en mi caso, un antiguo conocido que sigue guardando secretos).

Pero hay algo que siempre me ha hecho ruido: las mujeres de la historia. Son pocas, y de esas pocas, sólo cuatro juegan algún papel relativamente importante (sin contar a Ioreth, gracias a cuyas palabras se descubrió al Rey). Peor aún, tres de las cuatro se quedan en casa y no sabemos gran cosa de ellas, más allá de su belleza física y de su supuesta sabiduría. Estas mujeres son Goldberry, la esposa(?) de Tom Bombadil en el Viejo Bosque; Arwen, hija de Elrond, elfa; Galadriel, elfa reinante sobre Lothlórien; y Éowyn, doncella de Rohan, sobrina del rey Théoden.

Goldberry invoca la lluvia, la primavera, ayuda al bosque a crecer, a limpiarse. No está domesticada en el sentido de atender a su marido y sus huéspedes únicamente. En teoría es “libre” porque vive en el bosque y se dedica a él. Sin embargo, su papel sigue atado al rol de cuidadora, nodriza. Encarna ese vínculo que supuestamente tenemos las mujeres con la naturaleza por el hecho de ser mujeres. No que tenga nada de malo, sólo que no es un personaje tan profundo y redondeado como Tom Bombadil.

Arwen es el personaje femenino más bello de los libros, según todos los demás personajes (excepto, tal vez, Gimli). No sabemos nada de ella, más allá de su belleza física y de que es hija de Elrond. Podemos equipararla a la virgen de cualquier otra historia: bella, núbil, frágil. Por supuesto, se queda en casa esperando a que su amor gane la guerra y ella pueda casarse con él. Es tan abnegada que incluso sacrifica su inmortalidad para quedarse con su hombre. Lo cual, de nuevo, no es malo en sí, pero alguna vez me gustaría ver al hombre hacer el sacrificio por la mujer amada.

Galadriel, reina(?) elfa, gobernante de Lothlórien, sin embargo, comparte su poder y su cargo con su marido, Celeborn. Al parecer, ninguna mujer puede gobernar por sí misma. Posee uno de los tres anillos de poder que se le dieron a los elfos, pero no lo utiliza (quiero pensar que no lo usa sólo porque está viviendo en un tiempo donde es peligroso usarlo, pero en realidad no queda claro en los libros). Tiene el poder de conocer lo que los demás desean en el fondo de su corazón y de ver los peligros que esto les puede traer, pero no ofrece consejos. Es un personaje más interesante, pues gracias a este mismo poder entrega a la Comunidad los regalos que les serán más útiles durante el viaje y les envía ayuda cuando le imploran. Es una especie de diosa protectora que de todas maneras necesita un hombre a su lado. Me hubiera encantado que no existiera Celeborn, pues así Galadriel hubiera roto un poco con el estereotipo.

Éowyn es mi personaje favorito entre las mujeres del SdlA. Es la doncella guerrera de Rohan que está harta de su papel de cuidadora, siempre pendiente del tío que envejece cada vez más rápidamente, cansada de las miradas y comentarios pervertidos de Wormtongue. Quiere escapar de esa jaula y lo dice claramente. Quiere salir a la guerra como los demás, no quedarse atrás, sentada esperando a que los hombres resuelvan el destino del mundo. Si bien Théoden la deja al mando de Edoras cuando se van a Helm’s Deep, ella lo resiente como una barra más de su jaula de oro, y tan desesperada está por salir de ahí, que se viste de hombre para poder ir a la guerra en Gondor junto a los demás Rohirrim. Su situación la hace perceptiva y se lleva a Merry cuando éste dice que no se quiere quedar en Edoras tampoco. Sí busca el amor (¿quién no?) pero no quiere a alguien que la mantenga donde está, sino que la eleve; que no le tenga compasión, que la apoye y la ayude a salir de la trampa. Por eso se enamora de Aragorn, porque ve en él su salvación. Creo que le queda claro que en el mundo en el que vive necesita un hombre para poder ser libre, pero cuando se da cuenta que Aragorn no la ayudará, toma las cosas en sus manos. Es ella, junto con Merry, quien destruye al capitán de los Nazgûl. Para un personaje tan fuerte y bastante más profundo y redondeado que las otras mujeres, me dio tristeza y coraje que necesitara de Merry para acabar con el Nazgul, pues el autor le atribuye al Hobbit prácticamente todo el mérito, al aclararnos que fue su espada, y no la de Éowyn, la que dio el golpe mortal. Éowyn sólo lo remató. Y para acabarla de amolar, en dos páginas la doncella “decide” no ser guerrera, casarse con Faramir, dejar a su familia y su tierra, y dedicarse al cultivo de las plantas y a curar a los enfermos y heridos. Uno pensaría que, siendo quien es, ese proceso sería un poco más lento.

Amo el libro, pero no me gusta que sus personajes femeninos sean tan banales y sigan promoviendo la idea de que una mujer, por muy poderosa o guerrera que sea, siempre necesitará a un hombre y, aunque no sea su mayor deseo, deberá casarse y dedicarse al cuidado de otros, o sacrificarse por el amor. Dudo que el autor lo haya hecho conscientemente, pero eso sólo demuestra lo arraigados que están estos conceptos en nuestra mente. Claro, a lo largo del siglo XX han ido cambiando, gracias al trabajo de muchas feministas, pero siguen vigentes, no lo puedo negar.

Cuando me escribía a mí misma dentro de la historia del SdlA, me imaginaba siempre como parte de la Comunidad. ¿Por qué no incluir un personaje femenino entre los 9? Legolas podría haber sido elfa. O Gandalf, con toda su sabiduría. O Gimli. O alguno de los Hobbits. Creo que sí había alguna posibilidad. Qué triste que no se le haya ocurrido a Tolkien.

Acerca de Xalaila

Licenciada en Relaciones Internacionales, próxima Maestra en Terrorismo y Seguridad, activista en derechos humanos, feminista.
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